Shabat

“¡Eh, soldado! ¿Por qué vas con uniforme? ¿No puedes ponerte ropa de Shabat?”

“¡No si mi mamá tiene que lavar el uniforme en Shabat!”

“¡Eh, soldado! ¿Por qué vas con uniforme? ¿No puedes ponerte ropa de Shabat?”
Un soldado de uniforme llegó a la sinagoga del Rabino Zilbershtein en Ramat Eljanan en Bnei Brak en Shabat y se puso a conversar con el Rabino unos minutos. Tras la breve conversación, el Rabino le indicó al encargado de la sinagoga que honrara al soldado llamándolo a la Torá.

Todos se quedaron muy sorprendidos por el honor que se le había concedido al soldado, que ni siquiera vivía allí. Y además ¿por qué él, que no estaba de servicio, no iba a la sinagoga vestido con ropa de Shabat en vez de con el uniforme? De hecho, el Rabino Zilbershtein se lo preguntó, y el soldado respondió: “Hace unos años me volví religioso y observo el Shabat pero mi mamá no observa el Shabat todavía. Ella ama tanto el ejército que cada vez que llego a casa ella pone el uniforme enseguida en la lavadora, y luego lo plancha. Por eso decidí ponérmelo hoy para que ella no lo lave en Shabat”.

Dijo el Rabino Zilbershtein: “Sus palabras me conmovieron y le dije que no hay honor más grande para el Shabat que este. Y por eso le dije al encargado de la sinagoga que llamara a este soldado a la Torá y le diera este honor, para que todos hicieran la misma pregunta y aprendieran a honrar el Shabat. Sacrificarse para ayudar al prójimo a que cumpla Shabat es el más grande honor que se le puede hacer al Shabat”.
 
 
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