El poder del amor

El poder amar a la otra persona depende de poder amarse a uno mismo y conectarse con su propia alma Divina

El poder del amor
Hace unos años circuló la historia de un hombre que se metió debajo de su jeep para sacar la rueda de auxilio y cambiar el neumático que se había pinchado. Pero entonces el gato se deslizó y el jeep se le cayó encima al pobre hombre. Al oír los alaridos de dolor de su padre, la hija fue corriendo y sin pensarlo dos veces, simplemente levantó el jeep (tres toneladas) y liberó a su padre.
Estas historias no son hechos aislados. Son cosas que suceden. De hecho, la primera vez que ocurrió algo así, el hecho quedó documentado en la parashá de la semana Vaietzé (Génesis 29:10): “Y cuando Jacob vio a Rajel, la hija de su tío Labán, y el rebaño de su tío Labán, Jacob fue e hizo rodar la piedra del pozo y dio de beber al rebaño de su tío Labán”.

Esta sección habla de Rajel, que quiso darles agua a sus ovejas pero no pudo porque había una enorme roca cubriendo la abertura del pozo. Normalmente, una roca de esas dimensiones habría requerido la presencia de varios hombres para poder sacarla de en medio. Pero cuando Jacob vio a Rajel, él simplemente levantó la pesada piedra él solo. Lo imposible se volvió posible.

Rashi explica que Jacob no sólo levantó la pesada roca sino que la levantó como si fuera la tapa de una jarra, prácticamente sin esfuerzo, lo cual nos revela que era un hombre muy fuerte.
Siendo así, debemos ser conscientes del más grande poder que existe tanto en el ámbito físico como en el espiritual: el poder del amor. Este es un poder sobrenatural, que va mucho más allá de nuestra imaginación y que posibilita que cada hombre haga realidad lo aparentemente imposible.

El amor es capaz de superar las leyes de la naturaleza pero uno solamente puede alcanzar el epítome del amor si primero se ama a sí mismo. El genuino amor es tolerancia por los demás y por uno mismo y conexión con su propio ser interior.

Dijo Rabí Akiva: “Ama a tu prójimo como a ti mismo” es el fundamento de toda la Torá. Esto significa que amar al otro solamente puede ocurrir si uno se ama a sí mismo y se conecta con el alma Divina que tiene dentro de sí. Obviamente, amarse a uno mismo no puede ser un amor superficial: a veces hace falta una guía y hay que adquirir las herramientas para enfrentar los vaivenes de la vida. Hay que dar por tierra con las barreras auto-impuestas que nos impiden alcanzar el éxito.

Por eso, para hacer realidad lo imposible, descubriendo los tesoros ocultos dentro de nosotros, primero debemos amarnos y aceptarnos a nosotros mismos incondicionalmente. Recién entonces podremos crear una realidad mejor aún de lo que habíamos imaginado.
 
 
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