Ser padres

Mi hija está bien. ¡La que necesita que la arreglen es la sociedad! La mamá de Abigail explica que nuestra sociedad todavía no aceptó a su hija con síndrome de Down

Ser padres
“Me haría feliz que la gente pensara un poco antes de preguntar. No hay necesidad de llenar el espacio con palabras vacías”, dice Anat Gat Dagan en un debate con respecto a qué palabras y conceptos ella tiene que enfrentar desde que nació su dulce hija Abigail con síndrome de Down.

Algunas de las palabras que ella tiene que escuchar son “retardada”, que es una palabra que fue quitada de uso en la sociedad israelí y es vista con malos ojos en la sociedad occidental. “Mi Abigail no es ninguna retardada. Las personas con síndrome de Down tienen ciertos problemas de desarrollo y a veces también discapacidad física y mental. El concepto de retardado fue quitado de uso según la ley israelí”, le explicó Anat al servicio de noticias Ynet en una entrevista.
Cuando Abigail fue sometida un examen de síndrome de Down y dio positivo, sus padres y su hermano siguieron amándola igual que antes. “Aprendimos a relajarnos y a respirar y aceptamos a Abigail con un amor que no tiene precedentes”.

Sin embargo, al resto de la sociedad le cuesta aceptar. Sigue habiendo muchos prejuicios y oscuros preconceptos en cuanto al síndrome de Down. Un ejemplo es esa pregunta tan fea que la gente no deja de preguntar: “¿Cómo fue que no lograron detectarlo?” o “¿Por qué no pidieron hacer una amniocentesis en el embarazo?”. Ustedes entienden a qué me refiero…
Anat ya tiene las respuestas listas a todas estas preguntas, pero preferiría que la gente pensara un poco más antes de hacer preguntas como estas y se diera cuenta de que estas preguntas hieren y son muy insensibles. “Después de todo, mi bebé está acá y ninguna pregunta que puedan hacer va a revertir el proceso y ponerla dentro de mi útero otra vez para que desaparezca. Ella está acá en este mundo y acá se queda. Así que en vez de preguntar cómo fue que no detectamos esto en los análisis, mejor mírenla bien y pregunten qué edad tiene, y si ya sabe gatear, esa clase de preguntas…

En otras palabras, hay muchas formas de quedarse impresionados con mi beba y con tantos otros bebés como ella, sin hacer sentir mal a los padres haciendo preguntas que ningún padre jamás podrá responder ni va a querer responder. “Mi hija no es ‘la pobre Abigail, la que sufre y la que se merece compasión’, grita Anat señalando con el índice a todos aquellos que sufren del síndrome de no aceptar a los que son diferentes.

Esas personas son igual de discapacitadas, porque les falta la capacidad de tener un corazón abierto y comprender que el mundo está lleno de muchas clases de personas. Las personas con síndrome de Down siguen siendo personas e algunas incluso se casan y tienen hijos que nacen sin síndrome de Down. Algunas tienen carnet de conducir y tienen trabajos, saben integrarse a la sociedad, son felices, bailan, cantan y se enojan como cualquier otra persona. Son seres humanos igual que nosotros pero, como sociedad, todavía no los hemos aceptado y no hemos internalizado esta realidad”.
 
 
 
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